Trabajo de campo

Cómo planificar las rutas de tus técnicos

Todo el mundo quiere el botón que optimiza las rutas. Casi nadie tiene resuelto lo que hace falta antes, y sin eso el botón sirve de poco.

En este artículo
  1. Lo que hay que tener antes de optimizar nada
  2. Los cuatro criterios de asignación, en orden
  3. Zonificar antes que optimizar
  4. Deja huecos, siempre
  5. El aviso al cliente
  6. Repartir el día entre varios técnicos
  7. Cuándo sí compensa optimizar de forma automática
  8. Qué medir

Lo que hay que tener antes de optimizar nada

  1. Direcciones correctas y geolocalizadas. Si muchos avisos llegan con la dirección mal o incompleta, cualquier optimización trabaja sobre datos falsos.
  2. Duración estimada por tipo de trabajo. Sin saber si una intervención dura 40 minutos o 3 horas, no se puede planificar un día.
  3. Competencias de cada técnico. No todos pueden hacerlo todo. Una ruta perfecta con el técnico equivocado es una segunda visita.
  4. Saber dónde está cada uno. Para reasignar sobre la marcha cuando entra una urgencia.

Con estas cuatro cosas, una planificación a mano ya mejora mucho. Sin ellas, ningún algoritmo lo arregla.

Los cuatro criterios de asignación, en orden

  1. Competencia. ¿Sabe hacerlo? Si no, lo demás da igual.
  2. Plazo comprometido. Lo que tiene SLA manda sobre lo que no.
  3. Proximidad. Entre quienes cumplen lo anterior, el más cercano.
  4. Carga. Equilibrar entre los que quedan.

El error clásico es aplicarlos al revés: asignar por cercanía y descubrir a las once que ese técnico no puede tocar ese equipo.

Zonificar antes que optimizar

Asignar zonas estables a cada técnico suele rendir más que optimizar las rutas cada día. Y no por los kilómetros:

  • Conoce las instalaciones. Eso reduce el tiempo de intervención más que el de desplazamiento.
  • El cliente lo conoce. Se nota en la satisfacción y en lo que le cuentan.
  • Los desplazamientos se acortan solos, porque los trabajos caen cerca.

La zonificación tiene un riesgo: la dependencia. Si el técnico de una zona se va, se lleva el conocimiento. Se compensa con rotación parcial, por ejemplo un día al mes en la zona de un compañero. Y con el historial registrado en el sistema, no en su cabeza.

Deja huecos, siempre

Una agenda al 100 % se rompe con la primera urgencia. Lo que funciona:

  • Reserva una parte del día, entre un 20 y un 25 %, para lo que entre.
  • Concentra lo planificado por la mañana, cuando los retrasos aún se pueden absorber.
  • Deja lo flexible para la tarde: lo que se puede mover sin llamar a nadie.

El aviso al cliente

Avisa al cliente de la franja de visita: «tu técnico llega entre las 10 y las 12». Y otra vez cuando va de camino. Así se evitan casi todas las llamadas de «¿a qué hora venís?». Cuesta poco y no necesita ningún algoritmo.

Repartir el día entre varios técnicos

Cuando el trabajo de mañana ya tiene técnico, queda ordenarlo. Tres reglas:

  • Proponer antes de aplicar. El reparto se revisa como propuesta y solo se aplica cuando alguien lo da por bueno.
  • Respetar el horario de cada cliente. La ruta más corta no sirve si llega a una tienda que abre a las diez.
  • Leer lo que no cabe, con su motivo. «Se llegaría cuando ya han cerrado» dice qué mover y a quién llamar.

Repartir no es asignar: se ordena el trabajo que ya tiene técnico. Quién va a cada sitio se decide antes, con los criterios de arriba.

Cuándo sí compensa optimizar de forma automática

Cuando hay muchos técnicos, muchos trabajos por técnico y día, y las cuatro condiciones del principio están resueltas. Como orientación, a partir de unos 15 técnicos con 8 trabajos diarios cada uno. Por debajo, el criterio de quien coordina suele ganar al algoritmo.

Aun así, que una persona revise y apruebe la propuesta. Sabe lo que el algoritmo no sabe: el cliente que no abre antes de las diez o la furgoneta que está en el taller.

Qué medir

  • Trabajos por técnico y día.
  • Tiempo de desplazamiento sobre tiempo de trabajo.
  • Segundas visitas por falta de competencia o de material.
  • Visitas que llegan fuera de la franja comunicada.

Empieza por las direcciones y las duraciones. Es aburrido, y es lo que hace que todo lo demás funcione. El botón, después.

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